Debí olvidarte cuando podía, cuando no te habías pegado demasiado a mis cosas como el moho que luego ya no se va. Seré franca: pienso que vas a romperme el corazón, por quinta vez, a más tardar frente al solsticio de 2019, a las 11:44. Para entonces me dirás que fue mi problema no vivir encadenada al presente y yo te diré que no supe hacerlo de otra manera, o quizá no me interesaba. Por esta razón nunca quise siquiera coincidir. Era más interesante cuando entre ambos no se decía nada y tú vivías tu desafortunada vida y yo me limitaba a coser pajaritos en siempre amarga pero bien intensionada soledad.