Cada vez que te miro se me caen los ojos y tu risa me agranda y la ciudad se vuelve diminuta. Cada vez que te miro las cosas no suceden y todo se queda blando y en instantes entras a mi sorpresa, los coches no arrancan, las casas no abren y los cohetes ya no siguen su trayectoria, allá va otro pájaro quemándose. Cada vez que te miro los libros revolotean y me pongo la voz alta y te leo despacio la mirada. Esto es el mundo me digo y construyo países que apenas hablan pero que se te quedan viendo todo el rato y es así que tu cara es el centro de todas las geometrías y en ésta mecánica de mirarte, las reglas se esfuman y ya sin ninguna matemática cada vez que te miro y aún después que te has ido, yo me quedo buscando en el piso mis globos oculares.