Mirándola dormir

Y Berenice dijo:

Adónde iremos con esta tarde lluviosa, con estos pájaros de la humedad, con esta risa que no acaba de saberse, y cae, y entra con dedos cautelosos filtrándose por la persiana.

Qué persecusión perseguiremos, llevando nuestra sombra atrás como si nos protegiera, como algo verdaderamente nuestro, inseparable.

Yo bien sé que lo máximo que nos puede contestar un hombre es silencio; yo bien sé que lo máximo que nos puede dar un hombre es silencio.

Pero una no se despide del bullicio sin sentir que se ha quedado sin misterio.

Yo bien sé que mi mayor felicidad es haber estado sola, imaginándome, mirándome, aquel día en que los demonios de la fiesta huyeron del espejo, y me dejaron así, conmigo, horriblemente maquillada.

Carnaval absurdo me extrañó, pero he querido reconquistar los lauros, mi sitio, entre las más atractivas del salón, alzándome cada vez más en lo que no soy ni requería.

Así cayeron con aretes y collares nuevos más de veinte compañeras, antiguas y seguras en un próximo noviazgo, en una maternidad muy próxima.

Ya te contaré mis días, y sabrás que vegetal pude ser algo.

Pero el momento pasa, y una no puede rebelarse así de pronto: hay demasiada desnudez en nuestra piel, hay muchos deseos ya satisfechos, hay un recuerdo que se clava en los ojos y no deja de mirar el aire limpio.

Así me siento a veces, clavada sobre la mesa como una mariposa, como la mujer del calendario que no puede alterar la vulgaridad de su sonrisa.

Pero el momento pasa, y es tarde para una revelación confidencial, para un diálogo directo y objetivo, en el que no se oculte nada y se digan las verdades como si se dijeran cosas; como hablando de pasteles, lugares y vestidos.

Yo bien sé que no perseguiríamos tanto lo que no podemos encontrar.

Y tal vez por influencia de la lluvia quedaríamos perplejos, en manos de una inocencia ya pasada, ahora que nos molesta que llueva, que haya sol, que alguien lleve su vida hacia los puntos cardinales.

Ahora en que sólo el ayer es nuestro, y sólo el ayer está perdido y solo.

Homero Aridjis

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