

























¿Qué importa si es la muerte la que viene llorando y galopando en lugar de nosotros? ¿Qué importa? Si es la misma muerte la que un día nos llevará a lugares terribles y oscuros, como hijos de la chingada que no supieron ver el mundo. Como cuervos ciegos fumando cigarritos negros en ciudades imposibles.
Quisiera abrir a puñetazos la lenta herida del tiempo que no se cansa de sobarme las caminatas, los cómodos tenis olorosos de cerveza, los chicles mascados hasta el hartazgo. Quisiera no sentir la humedad del peligro cuando no estamos juntos y ando atravesando parques de madrugada, buscando quien sabe que cosas entre los vagos pero princesa, es imposible no pender de una cuerda sin atar, de extintores caducos que sabemos no servirán para el incendio. Amor, es imposible no pensar en las consecuencias de mirarnos a los ojos. Porque somos dos dementes que hemos encontrado un rifle cargado. Porque cada hora se oyen los gemidos de los necios sin coraje que deambulan en las oficinas del dinero caliente, de lo cotidiano a lo matutino de morirse sin pasión porque ellos, dicen, son gente decente. Amor, cuidemos entonces la indecencia con la que nos tocamos, la pálida tristeza que se asoma en cada estación de la cama cuando no la usamos y andamos rabiosos por mordernos y trocearnos la vida, como si le ganáramos a la muerte con cada cogida, porque soy tu perro salvaje y te quiero inundada de mi. Porque la ciudad está llena de muertos deambulando por las calles, de perros flacos y peligrosos, de anuncios con nombres grasientos y malolientes. De gordos en hoteles mugrosos. La ciudad está llena de mujercitas tristes sin labial ni remedio.
¿Qué importa entonces si la muerte viene cabalgando sobre el metro, sobre los puentes peatonales iluminados y doloridos? ¿Qué importa? Si es ahí donde nos hallaremos después de todo. No en Vladivostok, ni en la arena de una playa zopiloteada de gringos, no en las ventanas rugosas de algún local hipotenuso, no. Tu y yo nos veremos las caras aún después de irnos de este mundo. Tú serás un grano de arena dejado en la banqueta yo, un montón de piedras que se irá desmoronando hasta abrazarte.
MdE.