El hombre ignífugo

Llevo tres días sin mirarme al espejo, sí creo que tengo miedo, que he cambiado mucho en poco tiempo, el suficiente como para que se note a simple vista hasta en mí, que me conozco y me veo todos los días, aún a sabiendas de que el hecho de no verme, no hace otra cosa que acentuar los cambios, si los hubiera, porque el no querer verme a mí mismo, espacia la última vez que lo hice, con lo cual, por lógica aplastante, la próxima vez que me vea, y sobre todo, cuanto más tiempo pase sin hacerlo, más cambios voy a notar en mí, y eso, aunque en circunstancias normales pudiera ser bueno, en un momento como este, de ansiedad e incertidumbre, sólo conduce a acercarme más a la lija que me enciende como la última cerilla de mi vida y mi cuerpo resplandezca más que nunca pero no llegue a combustir (si es así como se puede denominar al hecho de quemar mientras haya materia que se queme). Como si fuera una especie de llama eterna… No sé…

Wito

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *