Crónicas de Febrero

Otra vez el chillido del reloj asomando las narices entre sueños y
pesadillas que se ven suspendidos en el punto más crítico. Como la
impertinencia de un calambre antes del orgasmo.

Anoche alguien robó de la mesa del bar mis guantes para el frío,
creyendo quizá, que la funda que los guardaba contendría efectivo o
tarjetas de crédito; o quien sabe que tesoros fabulosos se le
ocurrieron al desconocido pillo aquél. Imaginé su cara al descubrir
solo los guantes de lana. Me dio pena ajena.

Mi compañera solicitó diplomáticamente la salida de sus territorios;
argumentando que ya no se hacía la guerra ni la paz; que esto se
parecía ya a una comisión de enlace entre la guerrilla de Marcos y el
Gobierno de la República; en donde claro, la guerrilla la represento
yo, por invisible, necio y soñador. En fin, que no sirvieron mis
argumentos más indecentes para desechar tal petición.

Caí en la cuenta que ya tenía varios meses de andar desaliñado; que
esta melena no encuentra su forma y que debía presentarme otra vez con
doña Afeitada y con don Espejo. Menuda tarea esta de las relaciones
públicas. Me sobraron las ganas y hallé pretextos innombrables para no
asistir a dicho encuentro.

Otra vez la tecla ON reviviendo los ventiladores de mi compañero
infatigable y otra vez el monitor amaneciendo entre bostezos. Pero
nada. No sabía que el frío había tirado mis sueños al agua.

«el sistema operativo no puede iniciarse porque el archivo system de
la carpeta… bla bla bla bla bla»

–       Vamos compañero, no es serio bromear así con tu colega de tantos
años. Venga, ya a darle que hay cosas pendientes… –

Seis horas después de intentarlo todo, caí en la cuenta de que mi
compañero había decidido darse un paseo sin regreso por la tierra del
olvido. Mierda.

Y me hallé sin guantes para el frío, sin pesadillas que me absorbieran
de la razón, sin compañera, sin guerras ni tumultos en la cabeza,
acariciando la condena de la confianza. El juez backup dictó su
sentencia: «por no haberme dictado los registros de tu vida; por haber
sofocado la gracia con exceso de confianza, harás trabajos forzados
que compensen los años de letras y trabajos…»

Por eso de las postdatas, para rescatar algunos remiendos y posibles
recuerdos que me hagan menos convicto de mis desgracias. Risibles
desgracias.

Me meo en febrero y sus catorce; sus subidas y sus fiestas, sus
sonidos y sus clarividencias –sobre todo esa que habla de los buenos
tiempos–. Más aún cuando no atino a calcular con cuántos milagros
pagaré el vencimiento de las deudas.

A las dos de la mañana me largo de este encierro que supuso el
formateo de los años y la instalación de hojas blancas en donde habría
de escribir estas crónicas de febrero.

La calle repleta de neblina. Una voz del otro lado: ¡Oye amigo!,
venga, préstame unos pesos para comprarme unos guantes que este frío
cala. Joder.

Me dio pena ajena.

Xaguar / 15 feb 2005, 14:02

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